jueves, 5 de septiembre de 2013

No voy a dejarte entrar

   Flotaba, literalmente estaba flotando hacia mí. Sus pies no tocaban el suelo y avanzaba a una velocidad escalofriantemente lenta así como a la vez rápida. Lo veía desde la distancia, un cuerpo alto y delgado, posiblemente por el efecto que causaba aquella luz cegadora que resplandecía detrás de él volviendo su cuerpo oscuro. No podía ver su rostro, parecía que la luz lo tragaba.
Di un paso hacia atrás, convencida de que aquél cuerpo flotante estaba yendo directamente hacia mí y de que no pasaría nada bueno cuando estuviera a un paso de distancia. Todo a mí alrededor había pasado de ser un lindo cuarto de estudio con varias personas acomodando sillas y atriles para el concierto que estaba por darse a un lugar completamente oscuro y solitario a excepción de aquél cuerpo frente a mí a unos cuantos metros de distancia con esa luz cegadora detrás alumbrando como una especie de potente reflector.
   Sin esperar nada giré sobre mis talones lista para echar a correr pero algo me detuvo, desde que todo se volvió oscuro, negro no había podido despegar la mirada del cuerpo, no había mirado hacia otro lado y ahora me daba cuenta de que no había absolutamente Nada. Solo oscuridad. Miré sobre mi hombro y confirmé lo que me temía, seguía avanzando y cada vez estaba más cerca.
   Tomando valor con una bocanada de aire comencé a correr como nunca en mi vida, lo más rápido que mis temblorosas y curiosamente pesadas piernas me lo permitían. Era extrañamente familiar, era como… como en un sueño. ¿Estaba soñando? Posiblemente, no lo había pensado antes. ¿Me habría desmayado? Quizás. Seguí con la mirada al frente no queriendo mirar hacia atrás y confirmar algo que ya sabía, solo quería correr y correr hasta no poder más, hasta que él desapareciera, hasta que pudiera despertar de esta rara y aterradora pesadilla.
   Mi corazón latía con fuerza, desbocado por la pesada carrera y el miedo que sentía, que provocaba que a cada segundo un escalofrío me recorriera la columna entera tambaleándome. Traté de acelerar pero las piernas me pesaban cada vez, me cansaba rápidamente y no podía hacer nada, la adrenalina no desaparecía pero tampoco me ayudaba, las fuerzas me dejaban y por más que trataba de aferrarme a ellas simplemente se iban. Lo peor era que sentía que no avanzaba ni un solo centímetro de mi lugar.
   Finalmente me detuve, no caí de rodillas al suelo ni me desmayé, no tenía la respiración agitada ni mi corazón latía con tanta fuerza. Estaba normal, como si nunca me hubiera movido, como si no hubiera hecho ningún esfuerzo. ¿Qué diablos? Miré hacia atrás y un grito quedó atorado en mi garganta, solo le faltaban unos pocos metros para alcanzarme. Traté de volver a correr, pero mis pies no se movían, estaban como pegados al suelo. Entré en desesperación.
   Luché contra aquella fuerza extraña que me retenía de pie en aquél lugar sin permitirme dar siquiera un solo paso; estaba cada vez más cerca, solo unos metros más y estaría cara a cara con él pero yo no quería, no quería volver a verlo, no quería estar cerca de él, no quería.    Lo quería lejos de mí, lejos de mi vida. Di media vuelta para encontrarme con una puerta de madera. Era de un tamaño estándar, dos metros o metro y medio, con un color oscuro y brillante de un diseño rústico, algo sencillo pero elegante; la perilla era de cristal, como un hermoso y resplandeciente diamante en forma de octágono con varias caras que reflejaban una tenue luz casi invisible.
   No lo pensé solo actué, tomé la perilla entre mis manos y la giré, a ciegas me lancé hacia el interior oscuro y sin mirar hacia otro lado, sin detenerme a pensar en lo que estaba haciendo giré nuevamente hacia la luz y descubrí al cuerpo flotante avanzando los pocos centímetro que quedaban hacia la puerta por la que acababa de entrar a sabrá donde a una velocidad horriblemente rápida, literalmente se lanzó contra la puerta, haciéndome retroceder unos centímetros antes de hacerme entrar en razón.
   ― ¡Vete! ―grité horrorizada mientras empujaba con todas mis fuerzas para lograr cerrar aquella puerta, era demasiado fuerte. Sin disminuir la fuerza continué empujando a la vez que inclinaba la cabeza para mirar hacia el otro lado por la abertura entre ésta y el marco.
   El resplandor de aquella luz permanecía iluminando y ahora más de cerca, podía ver su rostro. No podía creerlo, no podía crees que realmente fuera él, no podía, simplemente no podía ser cierto. ¿Por qué él? ¿Por qué? No lo dejaría entrar, nunca. Jamás dejaría que abriera esa puerta a pesar de no estarla empujando con sus manos, a pesar de no estar siquiera tocándola, no dejaría que alguna vez pudiera abrir aquella puerta y entrar. No invadiría nunca aquella parte de mí.

   Desperté, no grité, no tomé una bocanada de aire ni nada tan dramático como eso, solo abrí los ojos y me sentí cegada por aquella luz en el techo. A mí alrededor estaban todas aquellas personas que habían estado antes en la habitación acomodando las cosas, mirándome con expresiones preocupadas en sus rostros.
   ― ¿Qué pasó? ―pregunté llevando una mano a mi frente, dolía.
   ―Te desmayaste―respondió una voz que conocía bastante bien, a mi derecha, giré mi rostro para encontrarme con su mirada profunda, esos ojos decían más que mil palabras, solo que nunca sabía lo que decían.
   ―Oh―fue lo único que pude decir. Miré hacia otro lado ― ¿Me ayudan a levantarme? ―pregunté mirando nuevamente hacia arriba apoyándome sobre mis codos. Sentía pena de estar acostada.
   Uno de los chicos que trabajaba en sonido extendió su mano para que la tomara y lentamente fue poniéndome de pie.
   ― ¿Estás bien? ―preguntó cortésmente cuando estuve bien plantada sobre mis pies.
   ―Sí, gracias―le di una pequeña sonrisa.
   ― ¡Bien muchachos vuelvan a sus ocupaciones todo está bien! ―gritó la voz del director.          Hubo mucho movimiento alrededor mientras todos iban a sus respectivos lugares para continuar con lo que habían dejado para ir a verme.
   Cerrando un poco los ojos avancé lentamente la poca distancia hacia una pequeña barda al borde del escenario y recargué la cadera en ésta para darme un poco de apoyo. Suspiré bajamente poniendo una mano en mi frente mientras bajaba la cara hacia el suelo.
   Unos cálidos brazos me rodearon, no los conocía, jamás los había sentido pero a pesar de eso se sentían cálidos y cómodos. Sorprendida me aparté bruscamente de ellos, dejando todo mi peso sobre la barda y miré al dueño de aquellos brazos, mi corazón se detuvo por un breve instante.
   Lo miré un momento antes de volver a bajar la mirada, ni siquiera había logrado registrar su mirada, descifrarla, ni siquiera ver bien su expresión, solo desvié la mirada hacia el suelo sintiéndome extraña.
   Creí escuchar un bajo suspiro antes de oír sus pasos alejarse, no sonaban pesados, solo se fue como si nada, sin decir nada. Seguramente había imaginado escuchar aquél suspiro porque… ¿Por qué suspiraría? No tenía sentido. Negué casi imperceptiblemente con la cabeza a la vez que cerraba los ojos.
   Alcé la mirada para ver como su espalda se alejaba, como se mezclaba entre los demás, entre aquella multitud aparentemente ignorante de lo que acababa de pasar, quizás eso también lo había imaginado. Vi como su cabello se alejaba y no pude evitar suspirar. Él no lo sabía, posiblemente, pero aún así, sin siquiera quererlo se estaba metiendo en mi cabeza, cavando su camino hasta mi corazón.
Soñaba con él casi cada noche, a veces aparecía durante todo mi sueño, a veces solo un pequeño vistazo de él, pero siempre estaba ahí, de una forma u otra a pesar de que yo no lo quería ahí. Actuaba con normalidad, nada extraño, nada que me hiciera pensar en algo más, hasta esa noche.
   Estaba de pie frente a una reja, era la entrada de una especie de campus, no sabía dónde. No recuerdo que hacía ahí, sabía que esperaba algo, solo que no sabía qué. El lugar estaba vacío, no había nadie alrededor y aquella reja estaba cerrada pero yo no me iba, no me movía de aquél lugar, solo me quedé.
   Miré hacia otro lado ya cansada de estar de pie por tanto tiempo y de brazos cruzados cuando el ruido de la reja al abrirse me dejó helada. Había llegado. Voltee hacia la entrada para encontrarme con sus ojos, con aquellos ojos que gritaban miles de cosas que no era capaz de escuchar ni de entender. Serios y a la vez salvajes, como la mirada de un depredador me dejó sin aliento.
   No dijo nada, no despegó su mirada de la mía y comenzó a avanzar directo hacia mí, silencioso y lento, como cazando, no queriendo hacer un solo movimiento brusco, algo que me diera una pista de sus intenciones y me hiciera huir. Nada.
   Todo estaba en silencio, el viento soplaba suave y cálido no se escuchaba nada más que sus suaves pisadas y mi baja respiración.
   En un instante ya estaba de pie frente a mí y sin previo aviso, sin darme tiempo de ver sus intenciones plantó un beso en mis labios, dejándome completamente de piedra y confundida.    ¿Qué diablos?
   Se apartó y luego de darme una corta mirada igual de seria que al principio siguió su camino, pasando por mi lado sin tocarme ni rozarme.
   Luego desperté.
   ―… bien. Eh, ¿Estás escuchándome? ―sacudí la cabeza y miré a la chica que estada de pie frente a mí con mirada irritada, era de las que trabajaban en limpieza.
   ― ¿Qué perdón? ―dije enderezándome un poco.
   ―Si vas a vomitar más te vale que sea en el retrete y no en el suelo―dijo molesta.
   ―Claro, no te preocupes―contesté sin muchas ganas de hacerle caso, estaba cansada y fastidiada. Oí que decía algo más, pero no le presté atención hasta que se fue.
   Volviendo a suspirar me dejé resbalar por la pared hasta quedar sentada sobre el suelo, observé como todos continuaban trabajando pero en realidad solo miraba a una persona y eso me molestaba.
   Se encontraba ayudando a unas chicas a acomodar el telón y en el fondo sentí que mi estómago ardía, sentía celos. Sacudí con la cabeza alejando aquél sentimiento, no quería sentirlo. Miré hacia otro lado y comencé a pensar en el sueño que había tenido.
   Aquella puerta... No quería dejarlo entrar. No lo dejaría.
   Inconscientemente mi mirada regresó a él, lo vi riendo y abrazando a una de las chicas, se veía tan cómodo, tan natural. Sin quererlo fruncí el ceño molesta, celosa… Cerré los ojos y respiré hondo. No quería esto, realmente no quería sentir todo aquello, no quería sentir eso por él.
   Tal vez no se daba cuenta, tal vez ni siquiera lo quería pero lentamente y sin que yo pudiera hacer algo para evitarlo él empujaba aquella puerta queriendo hacerme retroceder y así poder entrar.
   Abrí los ojos y lo observé una vez más. Como sintiendo mi mirada giró su rostro hacia mí y clavó la suya en mis ojos, estaba serio al igual que yo.
   No voy a dejarte entrar… pensé mientras desviaba la mirada.
   Nunca voy a hacerlo, jamás abrirás esa puerta así tenga que empujar por siempre.

Por: Sharon Raquel M. Ortega' 1/07/2013
PD: Si van a copiar la historia por favor también copien el nombre' Gracias♥

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